martes, 25 de octubre de 2011

EL ANGELUS

El Angelus




El ángel del Señor anunció a Maria; y concibió por obra del Espíritu Santo.

Dios te Salve Maria etc...




He aquí la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra.

Dios te Salve Maria etc....




Y el Verbo se hizo carne; y habitó entre nosotros.

Dios te Salve Maria etc....

Ruega por nosotros Santa Madre de Dios.

Para que seamos dignos de alcanzar las divinas gracias y promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amen.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo; como
era en un principio ahora y siempre
por los siglos de los siglos. Amén
(3 veces)

Infunde, Señor, tu gracia en nuestros corazones , para que, los que hemos conocido por la voz del angel el Misterio de la Encarnación de tu Hijo, por su pasión y su cruz, seamos llevados a la gloria de la resurrección. Por el mismo Cristo, Nuestro Señor. Amén



ÁNGELUS DOMINI




V. Ángelus Dómini nuntiávit Maríae.

R. Et concépit de Spíritu Sancto.

Ave María.


V. Ecce ancílla Dómini.

R. Fiat mihi secúndum verbum tuum.

Ave María.


V. Et Verbum caro factum est.

R. Et habitávit in nobis.

Ave María.



V. Ora pro nobis, sancta Dei Génitrix.

R. Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.


Gloria Patri, et Filio, et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio, et nunc, et semper, et in saecula saeculorum. Amen (3)

Orémus:

Grátiam tuam, quaésumus, Dómine, méntibus nostris infúnde: ut qui, Ángelo nuntiánte, Christi Fílii tui Incarnatiónem cognóvimus, per Passiónem ejus et Crucem ad resurrectiónis glóriam perducámur. Per eúmdem Christum Dóminum nostrum.

R. Amen.


El Ángelus, devoción de origen franciscano, que para el Diccionario de la Real Academia Española es «Oración en honor del misterio de la Encarnación», hace una síntesis admirable del mismo, de las personas que intervienen en tan gran acontecimiento y de la misión o actitud de cada una de ellas, con palabras tomadas del mismo Evangelio. En su extremada brevedad, ofrece materia sólida a la vez que asequible para la meditación cotidiana del creyente. San Lucas refiere que el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. El ángel le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Luego añadió: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús.» María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» El ángel le aclaró: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios.» Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Días después, María fue a casa de Zacarías y saludó a Isabel, la cual exclamó: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno» (cf. Lc 1,26ss). A modo de conclusión, San Juan añade en el prólogo de su Evangelio: «Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros» (Jn 1,14).

El toque y el rezo del Ángelus no existían en tiempo de San Francisco ni fue el Santo quien introdujo esta devoción en la Iglesia, aunque la espiritualidad y piedad que él practicaba y enseñaba era un terreno bien abonado para que florecieran prácticas piadosas como ésta; véanse, por ejemplo, sus Cartas a los Custodios (1CtaCus 8, y 2CtaCus 6) y su Carta a las Autoridades (CtaA 7), donde puede apreciarse un reflejo de la costumbre musulmana de convocar al pueblo a la oración mediante el pregón del muecín desde el alminar de las mezquitas, costumbre que Francisco observó en su viaje a Oriente. Por cuanto se sabe, fue Fr. Benito de Arezzo quien, hacia el año 1250, introdujo en el convento de Arezzo el Ángelus, haciendo cantar o recitar, a la caída de la tarde, la antífona El Ángel habló a María (Ángelus locutus est Mariae) mientras sonaban las campanas. El Capítulo general celebrado en Asís en 1269, y presidido por San Buenaventura, estableció que los hermanos exhortaran al pueblo a saludar a la Virgen con las palabras del Ángel cuando al atardecer sonara la campana de completas; posteriormente, ya en el siglo XIV, se introdujo el toque y el rezo del Ángelus por la mañana, y luego también al mediodía (cf. Waddingo, Annales Minorum, a. 1269, vol. IV, pág. 331; A. G. Little, en Archivum Franciscanum Historicum 7, 1914, p. 679 y nota 2, con la bibliografía allí citada).

1 comentario:

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